martes, 6 de mayo de 2008

Plegaria



Que el sol de esta trémula madrugada
conmueva los corazones alienados



Que el dulce frío del rocío
estremezca la sensibilidad reseca

Que un insecto malherido reviva la presencia del movimiento puro

Que el insomnio, la deuda
la adormecida sordera de los que croan
sea herido por un rayo imperioso en su ojo
encegueciendo sus laberintos, sus juegos
de símbolos que fundan un infinito abstracto
de límites que construyen celdas en el aire


Que el esfumado entre estos dedos
y esos hombros
reverbere desmintiendo la soberbia

Y que detrás mío
me estés viendo

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